En mi día a día y por mi profesión, observo un eterno dilema, entre el creer que disfrutamos de la vida bajo el lema(la vida son dos días, vamos, otra copa, otro postre..), y la conciencia de lo que más nos conviene en cada momento, pero sobre todo, saber por qué lo hacemos.

Un conflicto interno del cual muchas veces no se es consciente y un contexto que no se sabe manejar bien..con preguntas del tipo ¿Que no se puede comer postre? Es algo “prohibido”? Y la respuesta es..CLARO QUE NO..!

¿Cuál es entonces la raíz o “solución” a todo esto? Saber desde dónde lo haces..

¿Qué sería lo “ideal”? No estar ni pendiente de cuando haces o no una “comida trampa”. Y desde luego, no comer alimentos “procesados” si lo que se quiere es escapar de ciertas emociones o ansiedad.

El problema con este tipo de “alimentación en teoría poco saludable”, es que suele haber una delgada línea entre la moderación & consciencia y el caer en el bucle de malos hábitos.

Y el problema con los malos hábitos es que se acaba formando una cadena, que si la perdemos vista, se hará cada vez más fuerte y nos tendrán cada vez más atrapados.

Entonces…¿Qué tiene de bueno cuidarse la alimentación y ser más consciente de las elecciones alimenticias que llevamos a cabo? Sabiendo cómo nos sentimos y por qué lo hacemos.

Nos permitirá disfrutar más y mejor de la vida, lo que conllevará un nuevo grado de libertad personal.

Aquí dejo un video que me impactó, de la Asociación Canadiense de Salud Cardiovascular:

Si logramos hacer visibles nuestros patrones que nos hacen autosabotearnos en forma de comer comida “procesada” de forma compulsiva y sin conciencia, aparte de seguir un estilo de vida más activo, nos permitirá exprimir al máximo la vida y vivir lo máximo con la mejor salud posible, con lo que podremos disfrutar de experiencias maravillosas.

Para complementar todo esto, hoy contamos con un especial post invitado de Mariano Nieto, compañero de la carrera de Recursos Humanos. Aún recordamos con nostalgia aquellas conversaciones al salir de clase y entre clases sobre la felicidad, el bienestar, la psicología práctica aplicada a los distintos ámbitos de la vida…

Y si algo puedo decir, es que Mariano es un claro ejemplo de congruencia acerca de cómo aplica y transmite todas estas enseñanzas de las que hablábamos por aquel entonces.

Comparto el post de invitado, si queréis leerlo original en su página web, enlace a Post Disfruta No Eres Eterno:

La vida está llena de paradojas y esta es una de ellas, y es que como has podido intuir por el título, me estoy refiriendo a la muerte. Es increíble si te paras a pensar, como la propia existencia parece esconder una ecuación perfecta en su diseño, para que la vida y la muerte se complementen entre si y gracias a esta balanza podamos vivir una vida de armonía y plenitud. Pero en nuestra sociedad actual, el ser humano en lugar de verlo como una cosa natural, necesaria e incluso buena, tratamos el asunto de una manera muy tabú. Nadie le gusta pensar ni hablar sobre ello, ni ser consciente que a todos algún día nos pasara, nos guste o no. Es como si tuviésemos la ilusoria creencia de que si lo apartamos de nuestros pensamientos nunca nos pasara a nosotros, como si sospechásemos que así pudiésemos vivir toda la eternidad.

En las pasadas navidades del 2018, Ruavieja hizo una campaña publicitaria navideña que resulto todo un éxito debido justamente al tratar este tema. Su spot “Tenemos que vernos más” (podéis encontrarlo en Youtube) reunía a personas con sus seres queridos, para mostrarles mediante un sencillo calculo (en base a nuestra esperanza de vida y la frecuencia con la que se reunían) el tiempo que les quedaba por compartir juntos. Las reacciones de los participantes fueron de lo más alarmantes, al ver el poco tiempo que les quedaba por pasar juntos según los resultados, y es que las estadísticas de como priorizamos nuestro tiempo son para preocuparse.

Pero no te culpes por actuar así, esto se debe al modo de cómo funciona nuestro cerebro, como indica el psicólogo Rafael Santandreu en el mismo estudio realizado. Él mismo señala en el anuncio: “Estamos programados para evitar pensar en el tiempo que nos queda por vivir, así siempre tenemos la sensación de que tendremos la oportunidad de hacer las cosas que nos hacen felices”. Aquí es cuando viene la gran contradicción de nuestros tiempos modernos, ya que la gente afirma que sus seres queridos es lo más importante, pero la distribución de su tiempo no lo demuestra así.

Los estudios recogidos en este anuncio, contrastados con entidades como el INE (Instituto Nacional de Estadística), señalan que en los próximos 40 años pasaremos 520 días viendo series, 6 años viendo la televisión, 8 años en internet y 10 años mirando pantallas.

Tras estos datos tan desesperanzadores nos podríamos preguntar: ¿Estamos condenados a malgastar nuestro tiempo? ¿vivimos en una sociedad que promueve el consumismo antes que las relaciones sociales? y mi favorita: ¿podemos hacer algo para cambiarlo?

Tomar consciencia de nuestra naturaleza

Elizabeth Kübler Ross es la máxima autoridad en el mundo de la tanatología, acompaña a los enfermos en fase terminal preocupándose por ellos desde una nueva perspectiva, por las emociones de las personas. Los enfermos que se estaban muriendo todos coincidían en una cosa y daba igual su ideología, sexo, raza y edad que todos decían lo mismo y eran las siguientes palabras: “Me hubiera atrevido más en la vida”. Por alguna razón, en ese momento, lo que echamos en falta no es lo que hicimos sino lo que dejamos por hacer.

Pero no creas que este sentimiento solo les pasa a las personas que han llegado a ese estado en la vida. El gran Woody Allen ha conseguido ser uno de los actores más reconocidos en el siglo XX y que todo el mundo podría reconocer, te guste su cine o no, ha tenido una vida plena y llena de éxitos. Pues bien, en una de sus últimas entrevistas hablando sobre su vida dijo lo siguiente: “Tímido… Sí, siempre luché contra esto. Ojalá no hubiera sido tan tímido, hubiera tenido una vida mejor si no llego a serlo, ahora que me doy cuenta que esto se acaba”. Esto es una gran verdad, no nos damos cuenta de las oportunidades que perdemos de explorar el mundo y es que dentro de 20 años nos arrepentiremos más de las cosas que no hicimos que de las que hicimos, por muy mal que saliesen estas.

Es curioso que cuando tomamos consciencia de nuestra efímera existencia, aprendemos a darle la verdadera importancia a las cosas. Hay un gran número de personas que han sufrido experiencias cercanas a la muerte (como puede ser un accidente de trafico o una enfermedad grave) y afirman que después de dicho acontecimiento les ha cambiado la vida. Es como si tuviesen el verdadero secreto de vivir con una nueva escala de valores, pasando mas tiempo con sus seres queridos, no perdiendo el tiempo en discusiones y queriendo colaborar en fascinantes proyectos por diversión, a diferencia del dinero o status que pudiesen conseguir. Lo bueno de esto, es que no necesitamos pasar por una situación extrema para obtener esta mentalidad, basta con tomar consciencia todos los días de nuestra naturaleza.

Hagamos de lo inevitable nuestro aliado

Cada vez que echó un vistazo a mi pasado, puedo afirmar que todos los méritos y hechos de los que me siento orgulloso y me he atrevido a llevarlos a cabo, los he conseguido en parte por seguir esta estrategia, ser consciente que mi “reloj de arena” no dejaría de consumirse a diferencia de lo que hiciese, y por consiguiente, saber por tanto que no tenía nada que temer si salía algo mal, porque todo es pasajero. Con esta mentalidad tan abierta, el orgullo, la vergüenza, el odio, rencores y demás lastres emocionales se disipan en el aire cuando pensamos en La Parca. Si lo piensas bien, dentro de 100 años ninguna de las personas de esta generación estaremos en este bello planeta y lo único razonable será haber sido feliz e intentar haber hecho algo bello por ti y por los demás.

Además, que si lo analizáis bien, la muerte es nuestro mejor analgésico para quitarnos toda la presión ante fallar y arriesgar, si lo peor que nos puede pasar es morirnos y eso está garantizado, pues adelante la vida es nuestra vamos hacer lo que realmente queramos sin miedo ni tapujos.

Uno de los mejores embajadores de este planteamiento fue el gran Steve Jobs. Siendo de las personas consideradas más influyentes en el Siglo XXI, sabía muy bien de este secreto para vivir y hacía de lo inevitable su gran aliado para obtener la vida de éxito que tuvo. Así lo reflejo en una de las charlas más influyentes y con más reproducciones en Internet hasta la fecha que dio a la Universidad de Stanford: “¿Si hoy fuera el último día de tu vida, ¿te gustaría hacer lo que estás haciendo?”(…) Cuando tenía 17, leí una cita que decía algo así: Si vives cada día como si fuera el último, es probable que algún día tengas razón. Me impresionó mucho y, desde entonces, cada mañana me miro al espejo y me pregunto: si hoy fuera el último día de mi vida, ¿me gustaría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy? Y cuando la respuesta ha sido NO por varios días seguidos, me doy cuenta de que tengo que cambiar algo”.

Por tanto, contestando a las preguntas que nos planteábamos al principio, esta claro que como salmones que son llevados por la corriente de un rio, estamos influenciados por la sociedad actual y habrá situaciones ya sean sentimentales, familiares o laborales que no dependa de nosotros cambiarlas en el corto plazo y no sean las más óptimas para disfrutar o estar haciendo lo que de verdad queramos, cayendo en el error a veces de fustigarnos y obsesionarnos por ello. Ahora bien, una vez dicho esto y después de la reflexión existencial que hemos estado haciendo, nos podemos dar cuenta que el concepto de la felicidad es más democrático de lo que pensamos y esta al alcance de todos, no residiendo en riquezas materiales perdiendo este valor en una vida fugaz, sino en darnos cuenta de la verdadera riqueza del tiempo limitado que tenemos, siendo este el mejor propulsor para romper las barreras mentales que se nos interpongan en nuestros objetivos vitales.

Por ponerle un cierre poético, podríamos decir que el mejor faro que guiara nuestra barca en esta travesía hasta donde queramos dirigirnos, será paradójicamente quien le ponga fin, la muerte.

Mariano Nieto Romero